domingo, 9 de marzo de 2014

La paga (Décimas)



Cuando a este mundo asomé
un primero de febrero,
mi llanto fue lastimero,
pero sonreí después.
Dios yo le pregunté
con alegría y audacia,
por mi niñez de eficacia
¿ qué le debía yo de dar?
Dios no tardó en contestar:
¡dame gracias, dame gracias!
http://www.inmaculadadecepcion.blogspot.com/

De mi niñez de virtud
pasé a una etapa florida,
cuando me llevó la vida
a la dulce juventud.
Disfruté con plenitud
este gran cambio en mi ruta
y con una frase augusta
Dios me colmó de placer
al decirme franco y fiel :
¡disfruta mi hijo, disfruta!

Camino a mi última edad
le echo un vistazo al pasado
con todo lo que he gozado
no se puede pedir más.
Y al mirar esta verdad
mi alma alegre, agradecida,
preguntó a Dios conmovida:
¿cómo te puedo pagar?
no vaciló en contestar:
¡con la vida, con la vida!


©Gabriel Moquete.

NUBES ARRIBA

http://pepebel.wordpress.com/

Nubes arriba me voy,
Nubes arriba, buscando,
con las palmas de mis manos
dispuestas a recoger
las estrellitas que pueda,
 que pueda a tierra traer;
asirlas con mi cariño,
tomarlas con mucho amor,
calmar el temblor trenzado
de avecilla con temor
que parecen sus latidos
al compás de su fulgor.

Y traerlas y esparcirlas
como juguetes de luz
por donde deambulan niños,
niños opacos, sedientos
de pan, de auroras, de sol,
y volverme con las nubes
cielo arriba y más allá,
 para luego regresar,
regresar a manos llenas
con la lumbre de esperanza
para los niños sedientos,
sedientos de un despertar.



    © Gabriel Moquete

martes, 28 de enero de 2014

FEDERICO HENRÍQUEZ Y CARVAJAL, 1849-1952 (Décimas)

FEDERICO HENRÍQUEZ Y CARVAJAL, 1849-1952

Federico Henríquez, es,
 de la estirpe Carvajal,
al país se supo dar
con orgullo de honradez.
Junto a Hostos, líder fue
fundador de La Normal,
gran maestro intelectual
por títulos avalado,
pues estaba preparado
para el arte de enseñar.

Pedagogo, periodista,
abogado y orador,
poeta de gran valor
además de publicista.
Insigne nacionalista
de voz internacional,
pues fue recio al rechazar
a dictaduras extrañas,
por ejemplo, la de España
que de Cuba había que echar.

De Puerto Rico también
fue aliado independentista,
la libertad infinita
ardía en su pecho de bien.
Sus ideales se ven
cuando se sintió feliz
brindándole desde aquí
su ayuda al pueblo Cubano
y a quien fue su gran hermano
el gran apóstol Martí.

Junto a Hostos trabajó
en la reforma escolar,
por su conducta cabal
maestro se le llamó.
El pueblo reconoció
con su justicia social
el desprendimiento leal
con que este hombre se entregaba,
en él el país hallaba
un Sócrates nacional

¡Gran maestro que a la escuela
en la cuna la meciste
y por entero te diste
con el amor que desvela.
Dejaste una larga estela
luminosa como un sol,
el país, lleno de amor
aquella entrega agradece
y para siempre te ofrece
darte un constante loor!

    ©Gabriel Moquete

       Historia rimada

viernes, 24 de enero de 2014

ANTONIO MESA-1895-1949 (Décimas)


Antonio Mesa, brillante
cantante Dominicano,
puede descansar ufano
como estrella fulgurante.
Fue nuestro primer cantante
en grabar una canción,
¡claro, tenía condición,
y mucha, mucha, no poca,
¡la fama no se equivoca
Mesa tenía condición!

Era su voz de tenor,
con unas modulaciones
que hacían oír sus canciones
como de algún Dios cantor.
La melodía era mejor
atrapada en su voz bella,
su voz sutil, hacía huellas
en todos los que le oían,
y por eso le decían  :
 “El jilguero de Quisqueya".

Ramón Emilio Jiménez
y don Julio Alberto Hernández
dieron a Mesa, ¡ese grande!
la gloria que aún lo mantiene:
Una criolla, que sostiene
la grandeza de ellos dos,
Mesa, con su hermosa voz
como a una flor sopló riego,
con,  "Feliz eres labriego"
Mesa se inmortalizó.

Luego de ampliar sus virtudes
tras bautismo tan genial,
se fue el jilguero a volar
endulzando multitudes.
Rafael Hernández, alude
refiriéndose al tenor
que no había otro cantor
con mejores condiciones,
es que en aquellas canciones
Mesa destilaba amor.

Luego de pasear su voz
por numerosos países
al suelo de sus raíces
finalmente regresó.
Antonio Mesa triunfó
con sus voz maravillosa
hoy el jilguero reposa
como insigne vencedor,
¡loor por siempre, loor,
a esa estrella luminosa!


 ©Gabriel Moquete


domingo, 11 de agosto de 2013

LA FLAUTA DE TIMOTEO

 
Añadiendo canelones
Timoteo hizo una flauta,
él mismo trazó las pautas
de sus raras invenciones.
Los hoyos de entonaciones
muy bien supo colocar,
con ella podía tocar,
soplando, mil melodías,
buenos pulmones tenía...,
muy buen aire musical.
 
Timoteo se entretenía
con su «pasta musical»,
con ella aprendió a tocar
un sin fin de melodías.
Así pasaba los días,
tan feliz y tan contento
que pegado a su instrumento
de todo se descuidaba,
ya ni siquiera buscaba
el cotidiano alimento.
 
Un día Timoteo salió,
dejó la flauta en la mesa
pero a su esposa, Teresa,
de comer nada dejó.
En la noche regresó,
muerto de hambre alzó platones
con hambrientas ilusiones,
pero se amargó la vida
pues encontró de comida
arroz blanco... y canelones.

Por GABRIEL MOQUETE




martes, 16 de julio de 2013

MOTOCONCHISTA Poema



Coño, estoy cansado
de tantos insultos,
de tantos desmedros
que recibes tú,
culpable de todo,
de comerte luces,
de necios rebases,
de ser el causante
de todo accidente,
de ser una carga,
de ser indecente,
«de inventar la cruz».

Salgo en tu defensa
¡oh motoconchista!,
ya me duele el alma
de tanto escuchar,
que eres el perverso,
el rayo ambulante
que rueda en las calles
queriendo volar,
que eres el causante
de las emergencias,
que invades la sala
«del regio hospital».

Padre de familia,
sí señor, lo eres,
lo mismo que el dueño
del largo rent-a car,
tendido en la acera
jodiendo a peatones
que tienen, los pobres,
si quieren pasar,
tirarse a la calle
cediendo el derecho
al monstruo que quiere
todo acaparar.

No motoconchista,
no eres el peor,
las cárceles hablan
de gente dañina
que al pueblo le ha hecho
más daño que tú,
te aconsejo hermano
ajústate a leyes,
orienta a tus socios
a buena labor,
pido a los «ilustres»

sopesar tu cruz.

©Gabriel Moquete

INCENDIO Poema



Una leve llovizna
lloraba quedamente,
no había cielo
ni estrellas,
ni horizontes
ni sol,
ni mediodía
ni tarde,
ni aurora
ni mañana.
La opacidad negaba
todo aliento
de sol,
y en la copa del árbol
arropado de inviernos,
encendido de amores

cantaba el ruiseñor.

© Gabriel Moquete